Grand Raid Reunion

Como en las dos ocasiones anteriores, reproduzco aquí el reportaje que escribí para la revista Runner´s World, donde cuento las experiencias en Le Grand Raid Reunion, tercero y último de los desafíos del Proyecto SYR.

La Diagonal de los Locos

Al este de Madagascar, en medio del Océano Índico, un volcán asoma su pico por encima de los 3.000 metros. Las nubes tropiezan y cubren las partes altas, donde las continuas precipitaciones favorecen   una vegetación exuberante. Si dibujáramos el perfil de su relieve éste parecería la dentadura de un tiburón. Si decides cruzarla corriendo…

Imagen LGRPara entender lo accidentado de su relieve, imaginemos que tenemos un montón de harina, cuyo pico vamos erosionando a base de cortes con una cuchara. Si pudiéramos menguar hasta el tamaño de un grano de arena y descendiéramos sobre el montón nos encontraríamos entre montañas, desfiladeros, paredes, barrancos… Así es este oasis del Índico y es lo que uno encuentra en el Gran Raid de Reunión, una travesía de montaña que cruza la isla en diagonal de costa a costa durante 145 kilómetros y un desnivel acumulado, positivo y negativo, de 9.000 metros. Por mucho que te lo imagines, por mucho que te lo cuenten, hasta que no te plantas allí en medio no tienes ni idea de lo que te espera.

Nada más llegar, durante mi visita a la organización, Philippe se ofreció a resolver todas las dudas. Como lo vi algo excitado, le pregunté si había hecho alguna vez el raid. “Cinco veces”, me respondió con la piel de gallina. “Una carrera que despierta pasiones”, pensé. Durante los días previos me centré en descansar y preparar las bolsas de asistencia, donde podía depositar comida y ropa seca entre otras cosas imaginables. Una la dejaría en el km 70 y otra en el 120.

isla-reunionTodo listo. La salida tenía lugar a las doce de la noche en Cap Méchant, en la costa sureste. A partir de ese momento teníamos 65 horas como máximo para completar el recorrido. Una marea de 2.300 corredores emprendió la marcha por la carretera paralela a la playa. A unos cinco kilómetros giramos a la izquierda y comenzamos a subir por una pequeña pista forestal, cada vez más pronunciada, en dirección al volcán de La Fournaise. De pronto, un nuevo giro: dejamos la pista y nos introducimos por una especie de pasadizo que ascendía vertiginosamente por la ladera del volcán. Se acabó lo bueno; a partir de aquí, un estrechísimo sendero lleno de piedras, hoyos, raíces, agua, fango… y a trepar con pies y manos. Así estuvimos toda la noche hasta que, al filo de la mañana, comencé a ver algunas estrellas; ya estábamos saliendo de la selva y nos acercábamos a la cima. Cuando llegó el día nos encontramos sobre un mar de lava solidificada. La Fournaise asomaba su pico por encima de las nubes. Habíamos llegado al puesto de control número uno, donde apenas descansé el tiempo de comer algo de fruta y un café caliente; no había tiempo que perder.

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Fotos de esta travesía

Proyecto SYR – LGR

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